Y entonces el gran trémulo que su furor quebranta

contra las mudas rocas que intentan atajar sus cóleras siniestras, retuércese y se espanta,

porque se explica cómo

puede en su azul y gigantesco lomo

una mísera nube su silueta arrastrar.

Extracto de: Gotas de ajenjo, de Julio Flórez

Licencia: CreativeCommons

Bitácora de bolsillo: 14

Día 63.º del  estado de alarma en Aragón (España)

Las cifras del COVID-19 en nuestro país: 231.350 contagiados y 27.650 fallecidos. El porcentaje de fallecidos sobre el total de infectados (según pruebas PCR): cercano al 12%.

Hemos hecho cuarentena y vamos a por la setentena. Las cifras tienden a un lento aplanamiento que ha aliviado las Unidades de Urgencias de los hospitales y la carga de trabajo de los profesionales del sector sanitario. Se abren espacios para la actividad y las empresas y los trabajadores intentan reanudar la producción. Pero el “bicho” sigue entre nosotros y se apela a la responsabilidad de cada uno de nosotros en la “desescalada”.

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Bitácora de bolsillo: 12

Día 20.º del estado de alarma en Aragón (España)

Fotos desde la cuarentena. (Nov./2018)

Pues eso, día vigésimo, la mitad de una cuarentena.

La epidemia sigue su curso. 117.710 casos confirmados y 10.935 víctimas mortales contabilizadas en nuestro país (Ojo, más del 9% en la ratio fallecimientos/infectados). Nos dicen que estamos consiguiendo “doblegar la curva” estadística, pero muy lentamente.

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Bitácora de bolsillo: 11

Día 9.º del estado de alarma en Aragón (España)

9:00 de la mañana. Desayuno tostadas con aceite y café. Después, desde mi casa, trabajo en unos informes que me solicita una compañera de oficina. Se los remito por email. Es el tele-trabajo, que nunca pensé que llegaría a ejercer. Ha sido fácil, todo es organizarse.

Me asomo a la calle. Nuevamente la temperatura es fresca, para este inicio de primavera, y la mañana se torna lluviosa. Es de agradecer que haga malo, hace más llevadera la cuarentena.

Las noticias no son esperanzadoras, de momento. El número de contagios y fallecidos sigue creciendo (33.089 infectados, 2.182 fallecidos). Preocupante es también el número de profesionales sanitarios contagiados.

Me cuenta Carmen, de 89 años, desde su aislamiento domiciliario, que en tiempos del cólera (imagino que se refiere a la epidemia de 1971), se cubría una silla con un paño o una sábana blanca en la puerta de las casas y así sabía el médico dónde había enfermos, donde había alguien que necesitaba atención. No existían ni la cita previa telefónica, ni las apps de teléfonos inteligentes, ni ningún número centralizado donde avisar.